PRESENTACIÓN
La batalla de Caseros, librada el 3 de febrero de 1852, entre el ejército de la Con-federación Argentina al mando de Juan Manuel de Rosas, Encargado de Relaciones Exteriores de la Confederación Argentina y el Ejército Grande, compuesto por fuerzas del Brasil, el Uruguay y las provincias de Entre Ríos y Corrientes, coman-dado por el gober-nador de Entre Ríos, Justo José de Urquiza, dio inicio a muchos hechos considerados históricos. Uno de ellos fue el comienzo de la histografía nacional. Esta situación se explica cómodamente en razón de que el país, hasta ese momento, estuvo afrontando un período de construcción, sin que hubiese tiempo para dedicarlo a hacer historiografía. Después de Caseros, y sobre todo de Pavón, se inició la historiografía nacional.
Los iniciadores fueron Vicente Fidel López y Bartolomé Mitre, con actuaciones poste-riormente muy criticadas por los revisionistas aunque, sin lugar a dudas, tuvieron indiscu-tible mérito. Tal vez no mucho porque su producción resulte característicamente útil en la actualidad, sino por abrir la senda con perseverancia y cierta particularidad literaria. Como no podía ser de otra manera, no tuvieron la objetividad necesaria, dedicada sólo a justificar comportamientos personales y las de sus partidarios en la actividad política. Para ambos historiógrafos, tanto la colonización española, los caudillos federales como la actuación de Rosas fueron modelos no imitables, debido a que el pasado debía que-dar atrás por completo.
Como afirma Valentín Abecia Baldivieso, en su Ciencia y Metodología de la Investiga-ción, “resulta útil referirse a estas dos esferas del conocimiento: ciencia de la naturaleza y ciencia de la historia que, indudablemente, son diferentes. La ciencia física se diferen-cia de la historia si se supone que estudia los procesos objetivos de los acontecimientos en el espacio y en el tiempo que tienen absoluta independencia de la observación huma-na. Esos hechos se los puede conocer, captar y verificar con los métodos experimentales tal cual son, sin que ellos dependan para nada de quien trate de observarlos o experi-mentarlos. De este modo espacio y tiempo son categorías universales y abstractas; representan un patrón lógico para toda ciencia que para ser tal debe amoldarse a esas categorías”.
Resulta, sin embargo, que el tiempo que pasa sin relación con los objetos externos no existe. El tiempo sucede generando transformaciones en todas partes, de modo que en todas ellas se produce la irreversibilidad como principio fundamental o sea que aún en el campo de la ciencia clásica hay una esencial historicidad. Esto no quiere decir que el esquema lógico de la ciencia antigua haya perdido validez; pero, es un error tratar de aplicar a todo saber ese esquema lógico y medir todos los hechos mediante conceptos absolutos de tiempo, espacio, observación objetiva, ley, previsibilidad, singularidad, uni-cidad, etc.
En lo concreto, la historia es una ciencia de la naturaleza que, como tal, se fundamenta en el campo de la experiencia, teniendo en cuenta que cuando una enorme cantidad de ejemplares iguales se somete a experimentación es posible llegar a la certeza donde repercute el efecto sobre la causa, lo que da origen o es causa de la ley relativa al hecho científico. Esta relación de causación da origen al concepto de hecho propio de la cien-cia, aunque no tiene una definición universalmente aceptada, porque: Según el empiris-mo lógico, como concepción heredada de la filosofía de la ciencia, es una observación verificable y objetiva, en la que los hechos se identifican con las observaciones. Según el realismo científico, es un acontecimiento que puede ser descrito de manera verificable y objetiva.
En cuanto a la llamada Estructura Histórica el historiador recoge datos aislados y los conecta dando configuración a un todo, a un conjunto histórico. La selección la hace él mismo y compone una estructura de acuerdo a los propios límites de observación que se propone. En este aspecto juega un papel importante el historiador, porque es él quien efectúa el trabajo. Un ejemplo de historiador, es aquel que pone en relieve su formación para usar correctamente el documento que contiene el o los datos y debe tener una rara y excepcional condición para penetrar en las fuentes documentales, combinar los testi-monios previo cotejo y seleccionar de ellos hasta llegar a formar una conexión histórica que otras personas no la habrían captado.
Mucho se habla del posítivismo en la labor del historiador, pero este otro aspecto es más importante que su formación positivista, porque se refiere a la problemática personalísi-ma del historiador, a su manera de escoger, de trabajar, a su intuición y al tacto científico para la selección que configura el hecho.
El proceder del historiador no se explica en alguna de sus obras, pero su práctica del método debe ser peculiar. Su inclinación, al positivismo en esto quedará ensombrecida y sobrepasada. Para el positivismo el hecho no observable no es real, es la experiencia pura y objetiva la que vale con abstracción total de la persona humana. Pero, el historia-dor debe demostrar que los hechos históricos había que conectarlos, interviniendo el investigador. Tal vez por eso se ha dicho que la riqueza del conocimiento histórico es directamente proporcional a la cultura del investigador, como en la siguiente ecuación:
Historia = Presente / Pasado
Donde se pone de manifiesto el rol decisivo que cobra sentido la compleja red de rela-ciones que juega la intervención del presente del historiador, de su pensamiento, de su personalidad y de los límites que pone a los hechos para conectarlos y configurar el acontecimiento histórico.
Se dice que como la historia no puede elevarse al conocimiento de causas, fue tomada como un saber no científico en la antigüedad; por consiguiente tampoco podía hablarse de ley como enunciación de relaciones fijas y constantes. Evidentemente en las conexio-nes de los hechos no se encuentra en la historia la regularidad ni sucesión fija. Parece más bien que la conexión histórica se da en un círculo donde todos y cada uno de los datos actúan sobre los otros y son afectados también por éstos. Es una pluralidad de conexiones que ha dado lugar a formular la idea de una conexión múltiple situacional, no causal.
Esas conexiones se dan en la estructura que puede llamarse también forma, tipo, serie, conjunto. Aquello que suele llamarse tipos puros ideales, una figura mental unitaria como feudalismo, romanticismo, etc.; son posibles de decir conceptos típicos que sirven al historiador.
También es corriente decir: la estructura histórica es la figura que muestra un conjunto de hechos dotados de una articulación interna en la cual se sistematiza y cobra sentido la compleja red de relaciones que entre tales hechos se da. Es, por tanto, un sistema de relaciones dentro del cual cada hecho adquiere su sentido, en función de todos los otros con los que se halla en conexión. Entre los hechos de una estructura se constituye no un nexo causal, sino una relación situacional.
El historiador observa los hechos previos y posteriores, cuanto más y muy puntuales son, resulta mayormente provechoso; los abstrae, establece sus conexiones y configura una estructura donde se encuentra la realidad histórica, pues, se comprenderá que la estruc-tura no es simplemente hechos, ni siquiera amontonamiento y yuxtaposición de hechos, sino un conjunto articulado que forma una conexión funcional de hechos por su situación y tiempo de realización y que crea un proceso de relaciones donde se destaca el ante-cedente del hecho a tildar como histórico, el hecho en sí y las consecuencias del hecho acontecido, sobre el fundamento de sus antecedentes.
Se habla de la existencia de realidades históricas que sin dejar de ser singulares poseen cierto carácter general y engloban un conjunto de fenómenos elementales. Muchos piensan que el enunciado de esa posición tiene un valor de ley y puede considerarse como una ley en cuanto da posición de todos y cada uno de los hechos en relación con todos los demás. Se diría que esto no cuaja en el concepto clásico de ley como fórmula general que abarca clases enteras de hechos, pero frente al concepto clásico de ley, como regla de series paralelas, puede hacerse valer otro concepto que dé una relación en círculo de una pluralidad de hechos.
La estructura es un todo individual que no se repite. Es un enunciado de épocas o de tiempos concretos. Sus elementos ―los hechos― pueden ser repetibles, la estructura no. Sin embargo, la estructura que ha adquirido un grado de abstracción formal se aplica a otros conjuntos. Así al hablar de colonialismo se puede enunciar el colonialismo argen-tino, brasileño, colombiano, etc., y, finalmente, el colonialismo sudamericano. Por consi-guiente, la historia, puede dar leyes estructurales únicas aplicables a otros conjuntos, aunque es irrepetible.
En la imagen usual de la historia se encuentra dos posibilidades: 1) atomización de los acontecimientos o sucesos históricos; 2) morfología o descripción de formas de vida. En el primer caso las cosas resultan ininteligibles, porque no se sabe a quien le ocurrió lo que se cuenta. El contenido del hecho histórico sólo se entiende si se refiere una situa-ción total, que excede de todos los hechos y de su suma, y no se puede obtener por mera acumulación.
El ejemplo que se puede ofrecer es muy interesante: los diarios dan noticias relevantes, los historiadores las entienden porque se tiene, por vía no científica ni propiamente inte-lectual, una idea de las formas de la vida del tiempo y en ella se alojan automáticamente las noticias de la prensa. En cambio el historiador tiene que estudiar un conjunto, una estructura del pasado para encajar allí, y comprender las noticias que encuentra en la prensa de esa época.
Este ejemplo sobre la estructura histórica hace ver que la ciencia hoy día es el resultado de observaciones nuevas y que la complejidad de los acontecimientos humanos que cierran el paso a la experimentación, no debe desalentar porque es posible conocer los acontecimientos históricos. Al referirse a las categorías del hecho histórico se menciona que la preteridad es una de ellas. El tiempo transcurre efectuando modificaciones en las cosas, de modo que también se produce la irreversibilidad en los acontecimientos histó-ricos estructurales.
Estos hechos llevan a la meditación del tiempo en la historia. Pero el propósito no pre-tende examinar el significado del tiempo en el plano de la filosofía, sino en la necesidad de entender el hecho histórico como algo sucedido en el tiempo, como algo que pertene-ce al pasado o sea, su preteridad. De ese modo no se tiene interés en el examen del concepto del tiempo en la filosofía antigua y medieval donde fue relegado por el tema del ser.
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